Las riadas que marcaron Valencia: 1238, 1957 y la DANA de 2024 que lo cambió todo
- The Orange Club

- 4 oct
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Actualizado: 17 nov

Valencia siempre ha vivido de cara al agua… y también a merced de ella. El río
Turia y los barrancos que rodean la ciudad han regalado vida a la huerta, pero también han sido escenario de inundaciones devastadoras. Desde la primera riada documentada en 1238, recién conquistada la ciudad por Jaime I, hasta la DANA de 2024, que paralizó a toda la Comunitat Valenciana, las aguas han dejado huella en la historia, en la memoria y en el corazón de los valencianos.
Este recorrido no solo narra cifras: revive paisajes destruidos, promesas incumplidas, solidaridad ciudadana y cambios profundos en la manera en que Valencia se protege frente al agua.
🏺 Las primeras riadas documentadas (1238–1517)
La historia de Valencia no se entiende sin el Turia. Desde el mismo instante en que la ciudad pasó de manos musulmanas a cristianas, el río dejó claro que marcaría la vida de sus habitantes con fuerza y destrucción. Entre los siglos XIII y XVI, las crónicas y archivos ya recogen con detalle varias avenidas que no solo arrasaron huertos y casas, sino que moldearon la mentalidad y las defensas urbanas de toda la ciudad. A continuación repasamos las primeras grandes riadas que forjaron esta memoria colectiva.
1238: La riada en plena conquista cristiana
El 28 de septiembre de 1238, apenas un día después de la capitulación de Valencia por el rey musulmán Zayyan ibn Mardanix ante Jaime I el Conquistador, el Turia se desbordó con violencia. La ciudad vivía horas históricas: la antigua mezquita mayor era consagrada como catedral y la población musulmana recibía un plazo para evacuar sin represalias. Sin embargo, antes de que se cumpliera ese acuerdo, el río irrumpió con furia en la urbe recién conquistada.
El cronista Agustín Alcalá lo relató en valenciano medieval:
«En la vigilia de sant Michel Arcangel fou vengut tan gros, que derruí e destruhi camps, e enderrocá cases».
El desastre sorprendió a una ciudad con casas de adobe y madera, sin murallas modernas ni defensas hidráulicas, dejando claro que el Turia sería un enemigo tan temible como los ejércitos. El propio Jaime I tomó nota: en 1272 ordenó a los dominicos levantar fortificaciones “contra el ímpetu del río” (faciant fortitudinem et munimentium contra impetum Fluvii), según recoge el dominico Josef Teixidor en su obra Antigüedades de Valencia (1896). Era el primer reconocimiento oficial de que el Turia exigía respeto.
1321 – 1517: Un siglo de riadas recurrentes
Los siglos XIV y XV demostraron que lo ocurrido en 1238 no era un hecho aislado. Las riadas se repitieron una y otra vez, hasta el punto de convertirse en un fenómeno casi generacional. La gente vivía con miedo a las lluvias torrenciales de finales de verano y otoño, que podían arrasar en pocas horas lo que costaba años cultivar.
1321: El derrumbe de las murallas
El 21 de octubre de 1321, el Turia rompió con furia en pleno otoño. La crecida fue tan violenta que derribó casas dentro y fuera de la muralla, obligando al Consell a reforzar construcciones defensivas y a reparar buena parte del entramado urbano. Para los vecinos, el río era cada vez menos un recurso y más un enemigo recurrente.
1328: La vigilia de San Miguel
El 28 de septiembre de 1328, en la vigilia de San Miguel Arcángel, el río volvió a desbordarse, justo en la misma fecha que la gran riada de 1238, el día de la capitulación de la ciudad. Este paralelismo conmovió a los valencianos medievales, que interpretaron la coincidencia como una señal divina. Las crónicas relatan huertos arrasados y casas abatidas, y en el imaginario colectivo quedó la idea de que el río castigaba siempre en fechas de hondo simbolismo religioso.
1340: El Lignum Crucis en procesión
El 6 de noviembre de 1340, hacia las tres de la tarde, una crecida súbita convirtió el cauce del Turia en un torrente imparable. El miedo se apoderó de la ciudad hasta el punto de que la Catedral ordenó sacar en procesión el Lignum Crucis, reliquia de la cruz de Cristo, para implorar misericordia. Las crónicas lo dejaron escrito:
«a les tres de la vesprada, fon tan furiosa que la Seu tragué lo Lignum Crucis i el dugué processionalment per les carrers».La religión era entonces el último recurso frente a la naturaleza desatada.
1358: La catástrofe de los 400 muertos
El 21 de octubre de 1358 llegó una de las riadas más devastadoras que recuerda la historia valenciana. El agua arrasó con tal fuerza que murieron alrededor de 400 personas y más de 1.000 casas quedaron reducidas a escombros. Fue un desastre sin precedentes que paralizó la ciudad y obligó a tomar medidas estructurales. Como consecuencia, se creó la Junta de Murs i Valls, institución encargada de organizar defensas públicas y coordinar reparaciones tras cada avenida.
1406: El agua contra la huerta
El 2 de octubre de 1406, otra riada menos mortífera pero igualmente dañina se llevó por delante molinos, acequias y cosechas. Para una ciudad cuya economía dependía de la huerta, el golpe fue severo: la riada dejó a muchas familias sin sustento, recordando que no solo la ciudad intramuros sufría, sino también todo el cinturón agrícola que la rodeaba.
1427 (12 de octubre)
El Turia volvió a recordar a los valencianos su fuerza indomable. Una avenida —así llamaban entonces a las crecidas súbitas del río— sorprendió a la ciudad tras intensas lluvias, dañando gravemente las estructuras que comunicaban ambas orillas. Los puentes principales sufrieron desperfectos que obligaron a costosas reparaciones, y la población volvió a experimentar el temor recurrente de vivir a merced del río. Esta riada consolidó la idea de que cada generación debía enfrentarse, tarde o temprano, al mismo enemigo: el Turia desbordado.
1487: La riada de septiembre
El 17 de septiembre de 1487 el Turia volvió a desbordarse. En esta ocasión, las crónicas destacan que la huerta quedó anegada durante días, con acequias desbordadas y cultivos perdidos. Muchas viviendas de los arrabales, construidas en adobe y madera, no resistieron y se vinieron abajo.
1500: El día de San Miguel
El 29 de septiembre de 1500, festividad de San Miguel, el río volvió a mostrar su fuerza en una fecha cargada de simbolismo. La crecida destruyó molinos ribereños y anegó varios barrios periféricos, recordando a la población que las festividades religiosas podían verse interrumpidas en cualquier momento por el ímpetu del Turia. La coincidencia con la fecha de otras riadas anteriores reforzó la lectura providencialista que se hacía de estos fenómenos.
Estas fechas muestran que, aunque no había periodicidad fija, la recurrencia era tal que los valencianos aprendieron a vivir con el miedo a septiembre y octubre, meses en que el Turia recordaba su fuerza.
1517: La primera gran riada catastrófica documentada
El 27 de septiembre de 1517, coincidiendo con la llegada al trono de Carlos I de España, Valencia sufrió una de sus mayores catástrofes naturales. Las crónicas hablan de que había estado lloviendo durante 40 días consecutivos, saturando la tierra y colapsando acequias y barrancos.
Ese día, el Turia se desbordó en dos oleadas:
La primera, a las 3–4 de la tarde, arrasó barrios cercanos al cauce.
La segunda, más destructiva, llegó hacia las 9 de la noche, sorprendiendo a la población en sus casas.
Las consecuencias fueron devastadoras:
Se derrumbaron tres de los cinco puentes de la ciudad (Real, Serranos y Nou).
Cientos de viviendas fueron arrasadas.
Hubo centenares de víctimas mortales, aunque las cifras exactas se pierden en las crónicas.
En localidades cercanas como Requena, este año se conoció como el “any del aguaducho” por la magnitud del desastre. El climatólogo Inocencio Font la calificó como “una de las mayores riadas de los últimos mil años”.
Esta riada de 1517 no solo destrozó la ciudad física, sino que quedó grabada en la mentalidad de los valencianos como la prueba de que el Turia no conocía límites, convirtiéndose en el gran enemigo natural de la ciudad.
Riadas en Valencia del siglo XVI al XX
Con la llegada de la Edad Moderna, Valencia seguía creciendo como ciudad, pero el Turia nunca dejó de marcar su destino. A pesar de intentos de reforzar defensas y acequias, las lluvias torrenciales seguían desbordando el cauce. Desde el siglo XVI hasta mediados del XX, los archivos y testimonios documentan episodios que dejaron cicatrices urbanas, sociales y emocionales.
1581: Riada de Santa Teresa
El 15 de octubre de 1581, festividad de Santa Teresa, Valencia sufrió una avenida que anegó buena parte de la huerta y destruyó viviendas cercanas al cauce. Las crónicas destacan que el agua llegó hasta la Plaza de la Virgen y obligó a evacuar familias enteras. Fue una de las primeras riadas en dejar constancia de procesiones públicas para pedir la intercesión divina.
1776: La riada ilustrada
El 28 de septiembre de 1776 una fuerte crecida sorprendió a la ciudad en plena época ilustrada. La riada arrasó molinos, cortó caminos y dejó sin pan a buena parte de la población, ya que los hornos no podían abastecer sin harina. La Junta de Murs i Valls organizó reparaciones de urgencia, pero el episodio mostró que, incluso en tiempos de avances técnicos, el Turia seguía imponiéndose.
1805 y 1864: Siglo XIX de inestabilidad
Durante el siglo XIX, varias crecidas alteraron la vida urbana:
1805 (10 de octubre): el agua derribó casas en barrios humildes y dejó muertos documentados en las orillas del río.
1864 (1 de octubre): otra avenida importante anegó la ciudad en un momento de crisis económica, dejando huella en la prensa de la época, que describió calles convertidas en ríos y animales arrastrados por la corriente.
1870: La gran riada de los barrios marítimos
Entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1870, tras ocho días seguidos de lluvia, el Turia se desbordó de forma brutal. Se registraron 363 litros/m² y los daños fueron inmensos:
300 casas hundidas en barrios cercanos al mar.
Víctimas mortales, muchas de ellas en chozas precarias situadas en la desembocadura.
Calles convertidas en torrentes y cosechas perdidas en la huerta.
Fue una de las primeras avenidas con cobertura periodística moderna, y dejó constancia gráfica en grabados y crónicas.
1897: El año más lluvioso de la historia
El 10 de noviembre de 1897, tras un mes que acumuló más de 500 litros/m², Valencia vivió una riada que pasó a la historia como una de las más destructivas del siglo XIX.
Hubo tres crecidas consecutivas en pocos días, siendo la del 10 la más grave.
Los cronistas describen la ciudad como “una Venecia desolada”, con barcas navegando por calles anegadas.
Los daños materiales fueron enormes y dejaron claro que el problema del Turia estaba lejos de resolverse.
1949: La tragedia de las chabolas
El 28 de septiembre de 1949, el Turia arrasó los márgenes ocupados por más de 2.000 chabolas levantadas dentro del cauce. El resultado fue devastador:
41 muertos oficiales (cifras probablemente mayores).
22 pueblos del entorno afectados.
Calles repletas de barro y familias enteras desplazadas.
Fue la antesala de lo que ocurriría menos de una década después.
1957: La gran riada que lo cambió todo

Los días 13 y 14 de octubre de 1957 Valencia vivió la riada más devastadora del siglo XX. En apenas 24 horas cayeron más de 300 litros por metro cuadrado, provocando dos oleadas fatales en menos de un día.
La primera, al amanecer del día 14, sorprendió a los vecinos mientras dormían, anegando barrios enteros sin tiempo para reaccionar.
La segunda, a media tarde, fue aún más destructiva: el agua arrastró coches, animales y viviendas enteras, dejando escenas dantescas en pleno centro histórico.
Las consecuencias fueron catastróficas:
Al menos 81 muertos oficiales (cifra que muchos historiadores consideran incompleta).
Barrios populares sepultados bajo toneladas de barro.
Miles de familias desplazadas y pérdidas millonarias en infraestructuras, cosechas y viviendas.
El impacto fue tan grande que dejó huellas visibles en el callejero: la actual Calle de las Barcas recibió su nombre porque, durante esos días, los vecinos solo podían desplazarse en pequeñas barcas improvisadas para atravesar el centro de Valencia. Esa imagen quedó grabada en la memoria colectiva.
La tragedia supuso un punto de no retorno. Tras la catástrofe se aprobó el Plan Sur, que desvió el cauce del Turia al sur de la ciudad para evitar futuras inundaciones. Gracias a esa obra, el viejo cauce se transformaría años después en los Jardines del Turia, el mayor parque urbano de Europa y símbolo de resiliencia para los valencianos.
La DANA de Valencia de 2024 que marcará a toda una generación
El 29 de octubre de 2024, Valencia enfrentó una tormenta histórica.
La DANA concentró lluvia intensa en horas, saturó el terreno y desbordó barrancos que normalmente permanecen secos durante años.
Uno de los datos más confirmados es el de Chiva, donde se registraron cerca de 491 litros por metro cuadrado en apenas ocho horas, una intensidad brutal que sobrepasó cualquier registro previo.
En otros municipios como Paiporta no se reportaron lluvias tan extremas; allí el agua provino del desbordamiento del Barranco del Poyo, que arrastró gran volumen de agua hacia los barrios más bajos.
Los embalses de la cuenca y las presas reguladoras también jugaron un papel central: algunas compuertas se abrieron para aliviar presión, aunque con ello generaron crecidas aguas abajo que contribuyeron al desastre en ciertos tramos.
Las consecuencias fueron devastadoras:
Numerosas familias perdieron sus hogares.
Infraestructuras quedaron completamente dañadas.
Acequias históricas del sur vieron su cauce roto, con pérdidas irreparables en algunos tramos.
La tragedia dejó fallecidos y desaparecidos cuyas cifras aún se debaten.
Pero también quedaron grabadas escenas de una solidaridad ejemplar: vecinos que se lanzaron al agua para salvar a quienes estaban atrapados, jóvenes y mayores colaborando codo con codo, y voluntarios llegados desde otras localidades que se sumaron sin dudarlo. La respuesta ciudadana convirtió la tragedia en un momento inolvidable de unión y esperanza, donde Valencia demostró su fuerza y su humanidad.
Este episodio demostró que no basta con desviar ríos: las cuencas transversales, los barrancos y el sistema de drenaje deben prepararse también para catástrofes cambiantes. La DANA de 2024 pasó a ser un hito: no solo por los daños, sino por la pregunta urgente que dejó en Valencia: ¿estamos preparados para enfrentarlo de nuevo?
Valencia, memoria de agua y resiliencia Desde la primera avenida que sorprendió a la ciudad recién conquistada en 1238, hasta la DANA de 2024 que volvió a poner a prueba a toda una generación, las riadas forman parte inseparable de la historia de Valencia. El Turia y los cielos de la huerta han recordado una y otra vez la fragilidad de lo humano frente a la fuerza de la naturaleza.
Pero también han mostrado lo contrario: la grandeza de un pueblo que, tras cada desastre, supo recomponerse. Barrios levantados sobre el barro, puentes reconstruidos una y otra vez, solidaridad que venció al miedo. El agua destruyó, pero también unió.
Hoy, cuando el antiguo cauce se ha transformado en jardín y la memoria de las últimas inundaciones aún duele, Valencia sabe que su identidad está hecha de esa dualidad: vulnerabilidad y fortaleza, dolor y esperanza.
Cada riada no es solo un episodio de destrucción, sino un recordatorio eterno de que esta ciudad, marcada por el agua, nunca se rinde.
✍️ Artículo escrito por el equipo de The Orange Club Valencia — restaurante y cervecería de referencia en el corazón de Valencia, especialistas en cervezas artesanas y cocina de calidad.







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